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ENTRE VIÑEDOS Y CORONAS  

Por: Enrique Córdoba Rocha
 
Cuando llegué deslumbrado, a Serralunga d’Alba en un atardecer rojizo de otoño, aún quedaban colgados de la viña, unos racimos olvidados de la vendimia de septiembre. 



“Si vienes de Mónaco, llegas a Ventimiglia; allí te desvías, tomas la vía al Piamonte y en un par de horas estás en Il Boscareto Spa & Resort. Este es el epicentro para conocer pueblos con historia en un ambiente romántico, en contacto con la naturaleza y bajo el cielo que vio nacer al artífice de la unificación italiana, el Conde de Cavour”, dijo Ricardo March, un empresario ítalo-americano, que maneja los negocios desde sus oficinas en Estados Unidos, y vive orgulloso de los vinos, los paisajes, el espíritu italiano, y las tradiciones culturales de sus abuelos alpinos.

En pleno verano floridano, conversé con él en Miami y le compartí mis planes de realizar un viaje kilométrico por Europa.
 
MADRID – VERONA
Partimos de Madrid, vía la Costa Azul con destino a Verona. Luego de una semana explorando ciudades como Venecia, y festivales de la uva y el vino como en Bardolino, a las orillas del Lago di Garda, programamos el regreso vía Milán.



Atravesamos el espectacular túnel Mont Blanc, de doce kilómetros de largo, que une a Italia con Francia. Pagamos cuarenta y cuatro euros de peaje, para caer una tarde, en territorio suizo y transitar por la ruta de Ginebra-Lyon-Burdeos. Cruzamos la frontera dejando atrás a Francia, pasamos a San Sebastián y terminamos en Madrid. 

Benvenuti a Serralunga D’Alba, nella terra del Barolo, anunciaba el letrero, en la carretera, a pocos metros del lujoso Il Boscareto Resort & Spa, nuestro lugar de alojamiento del periplo turístico por la provincia de Cuneo, en el suroeste del Piamonte. Desde la terraza en la azotea el paisaje de los cultivos de viñas es de ensueño, y el restaurante, la cafetería, el spa, la piscina y el gimnasio, invitan a disfrutar de las instalaciones.



“Si te gusta el vino y la buena comida has llegado al mejor lugar” expresó el camarero a modo de saludo. A estas tierras venía a descansar Vittorio Emmanuel II primer rey de Italia, agregó. Todo es hermoso en esta región del norte italiano, donde los Alpes no han impedido la llegada de influencias de la vecina Francia, a la que perteneció esta región en algún periodo de la historia.
 
BODEGAS Y TRUFAS 
Barolo, es el típico pueblo italiano de callecitas estrechas, enotecas, bares, y una gigantesca escultura de hierro, en forma de copa, en el centro de una pequeña plaza con vista a los viñedos.



Este municipio se dio el lujo de poner su nombre a uno de los vinos más reconocidos de Italia. Barolo, es también el pueblo vitivinícola más famoso del mundo. La cocina del restaurante Baroleando, merece mención especial por el delicioso plato de conejo al vino, que nos sirvieron a la hora del almuerzo, el primer día de nuestra excursión turística.

Al día siguiente visitamos a Alba, una ciudad con olor a chocolate por albergar la fábrica de Ferrero, la empresa de la Nutella, fundada en 1946. Sus trufas blancas son famosas en todo el mundo, y justo al caminar por una de sus calles, vimos a un señor ofreciéndolas en una mesa.

Otros destinos con atractivos turísticos que conocimos en el área fueron: Monfore D’Alba, Serravalle Langhe, Sinio, Novello, Castiglione y Grinzane. En todas hay centros históricos e iglesias, al pie de colinas de viñedos con su castillo medieval. La visita a las bodegas Batasiolo, en La Morra, fue una experiencia que no se olvida.

Las instalaciones son una obra de arte, por las columnas y el decorado. Me impactó respirar el aroma de los vinos cerca de las barricas de roble pequeñas, medianas y gigantes, en hileras interminables, por las distintas salas.



Estos son los vinos más famosos del Piamonte —señaló Angelo Fornara, el veterano sommelier de la bodega Batasiolo. Tenemos Barolo, Barbaresco, Barbera D’Alba, vinos blancos, y Dolceto d’Alba y Moscato d’Asti. Catamos los exquisitos vinos Batasiolo mientras el maestro Fernara, nos paseó por la historia de la bodega, las variedades viníferas y las ventajas del entorno natural en la calidad de las viñas. 

El primer vino con la variedad de uva nebbiolo, originaria del Piamonte, —indicó— se hizo en el año 1.268, en Rivoli, cerca de Turín. Fernara explicó que el vino Barolo es conocido en Italia como “el vino de los reyes y el rey de los vinos”.

Dijo que una decisión tomada en el año 1.843 por Doña Julieta Francés Colbert de Maulévrier, cambió la historia de los vinos que se producían en el Piamonte.
 
EL CONDE DE BAROLO
Doña Julieta, de gran dinamismo social y una visionaria, era la esposa del banquero Carlo Tancredi Falleti Falleti, Conde de Barolo.



Fue esta dama francesa quien llamó al enólogo Louis Oudart, apodado El Francés, para mejorar la calidad de los vinos de sus fincas. Oudart llegó procedente de Burdeos y se dedicó a investigar los efectos de clima, suelos y ambiente en las cosechas. Descubrió como las altas cantidades de azúcar eran causadas por las bajas temperaturas del noroeste italiano, que cortaban la fermentación del  proceso.

El Francés, recomendó utilizar levaduras especiales para consumir todo el azúcar de los vinos en esas condiciones. Las conclusiones de Luis Oudart fueron un oportuno acierto y sus recomendaciones cambiarían positivamente la industria del vino de esta zona del norte italiano. Italia daba un paso importante para transformar su imagen y encaminarse hacia la producción de uvas bien maduradas.

Fue un país que tuvo más de 80 variedades, en la época de Plinio el Viejo y estaba muy rezagado respecto a la posición de los vinos de Francia. Los nuevos vinos secos del Piamonte cautivaron al Rey Carlo Alberto de Saboya. Envió 325 toneles de buen vino, a la casa de la marquesa, en Roma.

A partir de ese momento el Rey solicitó una barrica diaria, durante un año para su corte, excepto los cuarenta días de la Cuaresma. Desde entonces el vino del Piamonte se puso de moda en todas las cortes europeas y así nació el dicho: “Barolo, rey de los vinos y vino de los reyes”.

 “No fue una experiencia más” le expresé a Ricardo March, a mi 
regreso a Miami. “Explorar las colinas del Piamonte, disfrutar el confort y gastronomía de Il Boscareto, trasegar por los pueblos medievales italianos y degustar los vinos Barolo, me hicieron vivir como los reyes, por unos días, que aún rondan en mi memoria”.
 

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