Armando de la Garza
Ponta Delgada, Isla de San Miguel – En una reciente visita de carácter institucional y cultural al archipiélago de las Azores, el Canciller de la Orden del Camino de Santiago, Alejandro Rubin Carballo, fue recibido en la emblemática ermita de Nuestra Señora de la Paz, situada en la isla de San Miguel.

Este encuentro subraya la creciente conexión entre los diversos puntos de peregrinación atlánticos y la tradición jacobea que emana desde Santiago de Compostela. La visita al santuario, reconocido por su impresionante escalinata y su valor histórico-religioso, permitió al Canciller estrechar lazos con las autoridades locales y representantes de la comunidad, destacando la importancia de la espiritualidad y el patrimonio compartido en las rutas marítimas históricas.

El Canciller fue acompañado por el patrono el consejero Jesus Ares y recibido por el consejero Francisco Cohelo, la Comendadora en Azores Fátima del Mar Quiroga el Consejero- Comendador en Canada Daniel Tabares y el Comendador en Masachutses Antonio Soares
Un puente entre el Camino y las Azores
Durante su recorrido por el templo, que ofrece una de las vistas más icónicas de la villa de Vila Franca do Campo, el Canciller destacó el papel de las Azores como punto de escala y refugio para los viajeros que, a lo largo de los siglos, han surcado el Atlántico.

Revalorización del Patrimonio: La visita buscó poner en valor los nexos históricos entre la Orden y los enclaves marianos de las islas portuguesas.
Diálogo Cultural: Se enfatizó la necesidad de promover el intercambio cultural entre España y Portugal, fomentando la difusión de los valores del Camino de Santiago en territorios ultramarinos.
La presencia de la Orden en Nuestra Señora de la Paz no es solo una visita institucional; es un reconocimiento a la fe compartida y a la historia que une nuestras tierras a través del mar, señalaron fuentes cercanas a la delegación.
El acto concluyó con un compromiso mutuo de seguir promoviendo la conservación de estos espacios sagrados, que sirven como faro para los peregrinos y visitantes que buscan, en el corazón del Atlántico, un momento de reflexión y paz.
Esta visita refuerza la proyección internacional de la Orden y su interés en los hitos históricos que conforman la identidad atlántica de la península y sus archipiélagos vecinos.

